Las salas de 5 años se sumergieron en una propuesta que exploró el rostro como territorio de expresión, identidad y comunicación. A través del juego con las vocales y la observación frente al espejo, los niños descubrieron cómo se transforma la cara al hablar, reír o sorprenderse. Cada uno dibujó con atención las distintas partes del rostro —ojos, cejas, nariz, boca y forma de la cara— observando sus propios gestos y rasgos con detalle.
El pasillo del jardín se convirtió en una galería colectiva de arte, con producciones que expresan emociones, sonidos e ideas. También se incorporó el lenguaje fotográfico como herramienta de registro y expresión: se capturaron gestos espontáneos, miradas curiosas y momentos de juego que enriquecieron la propuesta y fortalecieron el vínculo entre los niños. Una experiencia que integró el lenguaje oral, corporal, plástico y visual, promoviendo la creatividad, el trabajo grupal e individual.


















