De la mano de Celeste y también de Huayra,
emprendimos un viaje con mirada clara.
Exploramos el aula, la escuela, el entorno,
descubriendo el espacio que habitamos a diario y en cada contorno.
Comprender dónde estamos y hacia dónde avanzar,
es parte esencial de poder orientar.
La brújula fue guía en esta travesía,
un lenguaje universal que nos dio compañía.
Observamos el mundo con ojos atentos,
buscando figuras en todos los elementos.
Cada forma hallada fue representación,
y en planos trazados tomó su expresión.
Como arquitectos, con dedicación,
dibujamos el aula con precisión.
El patio también fue parte del plan,
reflejando el espacio que juntos están.
Al recorrer la manzana con observación,
registramos datos con gran atención.
Y así comprendimos, con mayor claridad,
nuestro lugar en el barrio y su realidad.








